Lo primero que escribí al llegar
Hay una fricción toda loca a la hora de publicar la primera entrada de un blog. Uno siente la presión de que tiene que ser una declaración de intenciones perfecta, una verga triple-tres-vueltas como diría el compadre Hommy. Para quitarme esa vaina de encima y simplemente arrancar, decidí no escribir nada nuevo hoy.
En su lugar, voy a compartirles algo crudo. Un texto que escribí hace un tiempo y que titulé:
Sobre aquello que nunca perdí
o sobre la vida mejor.
Del otro lado del río, donde nunca sabremos cuántos fueron, los que se han quedado por camino, aquellas estadísticas sin nombre que delatan problemáticas cuya solución se escapa a las falsas promesas que los malos actores del mundo profesan.
Del otro lado del río, allá donde me esperan aquellos que nunca sabrán sí volveré, aquellos cuyos recuerdos la nostalgia enmarca entre sonrisas y lágrimas, de esos pasados que nunca fueron mejores.
Del otro lado del río, donde se queda aquello que nunca perdí, y de este lado del río donde jamás pensé llegar, entendí de donde nunca fui pero vine, y donde siempre podré pertenecer".
Todo lo que acaban de leer fue escrito la misma noche que llegué a Madrid.
Recuerdo que una melancolía extrema y repentina me arropó por completo. Me volví mierda caballero, como si llevara todos los años del mundo atrapado en esa ciudad que, en realidad, apenas tenía unas horas de conocer. La soledad y la lejanía no necesitan semanas para instalarse; a veces, se bajan contigo en el mismo taxi que te deja en tu nueva puerta.
Al compartir esto, me doy cuenta de que estoy aprendiendo a no pelear con esas emociones de llegada. Empezar algo nuevo —una ciudad, un proyecto, este mismo blog— implica aceptar que, al principio, te vas a sentir completamente fuera de lugar.
Me pregunto si a alguien más le ha pasado. Si alguna vez, al llegar al "otro lado del río" en sus propias vidas, han sentido esa nostalgia inexplicable por el lugar que acaban de pisar. Si es así, me encantaría que me echaran ese cuento en los comentarios. Al fin y al cabo, de eso se trata este espacio: de intentar entender dónde estamos parados.